55 días en Pekín
Película con base histórica:
Protagonistas: Charlton Heston, Ava Gardner y David Niven.
El gobierno chino, fuertemente controlado por la emperatriz, dictó varias leyes en favor de los bóxers a partir de enero de 1900, mientras que éstos concentraron sus ataques contra los misioneros y conversos al cristianismo. Las crecientes protestas de los gobiernos occidentales fueron desoídas.
Protagonistas: Charlton Heston, Ava Gardner y David Niven.
El gobierno chino, fuertemente controlado por la emperatriz, dictó varias leyes en favor de los bóxers a partir de enero de 1900, mientras que éstos concentraron sus ataques contra los misioneros y conversos al cristianismo. Las crecientes protestas de los gobiernos occidentales fueron desoídas.
En junio de ese año, los bóxers (a los que se habían sumado soldados imperiales) atacaron destacamentos occidentales en Tianjin y Pekín. Las embajadas extranjeras en la capital, a las que habían huido sus ciudadanos residentes en Pekín, se convirtieron pronto en objetivo de los bóxers, aunque la mayoría de las delegaciones, agrupadas en su propio barrio (Barrio de las Delegaciones de Pekín), se encontraban bien protegidas por sus propias murallas y la cercanía a la Ciudad Prohibida, donde, paradójicamente, habían sido construidas por orden del emperador con el fin de tenerlas bajo vigilancia permanente. Las delegaciones de Reino Unido, Francia, los Países Bajos, Estados Unidos, Italia, Imperio ruso y el Japón de hecho compartían el mismo complejo defensivo, y a sólo unas calles de distancia se encontraban las de Bélgica y España, desde donde llegaron sus representantes para ponerse a salvo.
No pudo hacer lo mismo la delegación del Imperio alemán, de constitución más reciente y por ello situada en el otro extremo de la ciudad. El día 20 fue asaltada finalmente por los bóxers, quienes capturaron y asesinaron al embajador alemán, barón Klemens von Ketteler. Como resultado de ello, las potencias extranjeras declararon la guerra a China, a lo que la emperatriz Cixi respondió proclamando las hostilidades contra ellas. Hasta la llegada de las fuerzas militares enviadas en su ayuda, el propio personal diplomático debió defenderse del asedio de los bóxers solamente con armas ligeras y un viejo cañón al que se le apodó como el «Cañón Internacional» debido a que su caña era británica, la cureña italiana, los proyectiles rusos y los artilleros a cargo de su manejo estadounidenses. Dirigieron la defensa el ministro británico para China, Claude Maxwell MacDonald, y el coronel japonés Shiba Gorō.
El enfrentamiento fue ampliamente seguido por la prensa internacional que describió toda clase de ataques violentos y atrocidades varias cometidos contra los extranjeros residentes en China, muchas de ellas enormemente exageradas. Esto provocó un amplio sentimiento antichino en América del Norte, Europa y el Japón. No obstante, los principales afectados fueron los cristianos chinos (de los que la prensa europea mayormente no se ocupó), que siendo mucho más numerosos y sin poder huir a ninguna parte fueron objeto de violaciones, torturas y asesinatos.
A pesar de sus esfuerzos, los bóxers no lograron superar las defensas del recinto. En agosto, el asedio de las embajadas era levantado por las tropas enviadas por la llamada Alianza de las ocho naciones suscrita por los gobiernos de: Alemania, Austria-Hungría, Estados Unidos, Francia, Reino de Italia, Japón, Reino Unido y el Imperio ruso.
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